jueves, 19 de septiembre de 2019

Experto de Roboré: “Ha muerto el 80% de toda la fauna”, es un desastre catastrófico

Recorrió kilómetros de bosques, rescató varios animales y a algunos ya nos los pudo salvar. Por eso sufrió, lloró, se descompensó, hasta se desmayó y se indignó por lo que, dice él, es capaz de provocar la especie humana y se lo mostró al mundo.

ERBOL
Jerjes Suárez es un médico veterinario, zootécnico y cirujano que creció cerca de los bosques de Roboré. Pero ante todo, es un amante de los animales y de la naturaleza. Por eso no pudo aguantar el dolor de lo que vio y llevó a varios periodistas nacionales e internacionales a la zona de desastre para que lo atestigüen.
La triste escena de un pejichi (una especie de tatú o armadillo) desesperado y desorientado, corriendo a tumbos en medio de un entorno gris y negro que antes fue su casa, el bosque seco, dio la vuelta al mundo e incluso se convirtió en la “imagen de la semana” en un prestigioso medio británico.
“Yo lloré verdaderamente, soy una persona muy fuerte, pero me causó mucho dolor ver a los animales quemados y verlos sufrir, ver el dolor de los animales, la especie humana va a recibir un castigo”, manifiesta el doctor Suárez, un cirujano que creció en el campo y que está acostumbrado a operar y a atender animales heridos.
“El ser humano es el causante de los focos, de eso no hay duda”, asevera el veterinario que, igualmente, pertenece a una familia de ganaderos y por eso sabe de lo que habla.
“Ha muerto el 80% de toda la fauna”, alerta Suárez. Venados, osos hormigueros, tortugas, urinas, cerdos troperos, tatúes, piyos, petas, osos tamandúas, antas, pejis, pejichis (especies de armadillo), pumas, jaguares e incluso aves, son algunos de los animales que el veterinario en algunos casos rescató; en otros, vio expirar su último aliento o simplemente son especies que sabe que habitan ese bosque seco y ya no los pudo encontrar más.
Las fotos de familias completas de animales calcinados, de una hembra que se carbonizó cuando estaba a punto de dar a luz, de un oso hormiguero quemado  de pie, de un ave atrapada, son algunas de las que conmovieron en las redes sociales y que hicieron visible las denuncias de Suárez.
“Me atrevo a decir que muy poca fauna se salvó”, afirma el médico que ya está más de 40 días afanado en el rescate de animales y de vida silvestre del Parque Ñembi Guazú, el área protegida más joven de Bolivia.
A solo 23 kilómetros al sur de Roboré, ya en el territorio de la Autonomía Indígena Guarani Charagua Iyambae, en la que también habitan los indígenas ayoreos, se encuentra esta área protegida que conecta otras reservas de vida silvestre: la del Kaa Iya y la de Otuquis, ambas son Áreas Naturales de Manejo Integrado y por si fuera poco, también tienen estatus de parques nacionales.
Si bien esta zona ya pertenece al Chaco, se encuentra más cerca de Roboré, entre la Chiquitanía este y el Pantanal porque la capital de territorio que gestiona ese parque, la localidad de Charagua, se encuentra a casi 500 kilómetros de la zona afectada; por eso Suarez apunta: “Somos el auxilio más cercano que pueden tener en esta zona”.
El médico asimismo atestigua que los animales están todavía sufriendo, que se ven animales carbonizados que todavía están vivos andando, explica que esto sucede por efecto de los vientos que propagaron el fuego y aumentaron los daños en animales.
“Pocos han logrado huir porque el fuego era con viento y se han carbonizado”, testimonia el zootécnico, quien igualmente relata que ha llevado a la zona más de 10 biólogos de distintas entidades nacionales e internacionales y revela que “muchos han salido con depresión y descompensación”.
“Es muy diferente ver la foto y otra cosa es estar ahí. Ver el ambiente y el olor fétido y nauseabundo”, describe el experto al reflexionar que muchos al vivir esa experiencia recién dan cuenta de la magnitud del desastre que califica como un “desastre catastrófico”.
Relata, por ejemplo, el rescate de unas tortugas en una zona de fuego, las que tendrá que llevar a otra área que ya esta quemada, pero que tiene algo de río y en la que hay alguna posibilidad de que puedan sobrevivir, estima.
Volviendo a los animales que no se salvaron, el animalista menciona los casos de las especies que sí podían huir pero que se vieron atrapados por el fuego. Es el caso, por ejemplo, del cerdo tropero, del que atestigua que “puede huir, pero está carbonizado”.
“No se encuentran ni hormigas, no han sobrevivido”, lamenta el naturalista que asegura que siempre comparaba la zona con la sabana africana por su diversidad biológica y que veía animales por cientos en esas praderas y bosques.
El parque Ñembi Guazú es una zona que conecta el bosque seco chiquitano, los bosques chaqueños además del Pantanal y que contiene en su interior los bañados del Izozog, que en época de lluvia son importantes humedales y refugios de vida silvestre y en época de sequía son un paso clave y obligado de muchas espacies.
Suárez ve que los animales sobrevivientes sufren de depresión porque ya conoce los síntomas: “Atiendo muchos perros con depresión, los animales también tienen depresión”.  Y observa que cambiarlos de lugar no ayuda mucho porque ello aumenta su depresión.
Pide veda indefinida
Por todo lo que ha visto y ha vivido, el activista y experto pide a las autoridades que haya una veda indefinida en toda la zona y las áreas afectadas por el fuego.
Considera que se necesitan al menos 50 años para recuperar lo sistemas de vida: “Los animales, algunos se reproducen sólo una vez en su vida”, advierte.
Como conocedor de la zona y como veterinario también cuestiona que “las personas que cazan son personas que tienen recursos económicos, que pueden comprarse armas con miras, con vehículos 4x4”.
“No son indígenas las personas que están depredando, son personas con recursos económicos”, afirma y juzga que no lo hacen por necesidad, sino “por vicio”.
Por eso plantea al Estado y a los actores involucrados “que se debe evitar la presencia del ser humano en toda esa área porque es la manera de ayudar a regenerar” los ecosistemas perdidos.
Propone que se instale un centro para ayudar a que se regeneren las especies y que puedan ser reinsertados en esos lugares aunque ve muy complejo que en el país se pueda hacer eso.
Respecto a la flora sugiere que hay que colocar semillas de especies nativas en lo que fue el bosque.
El testimonio de este “holocausto” parece no terminar para el amigo de la naturaleza. Cuenta el médico que, a través de un dron, pudo divisar un lugar donde se encontraron alrededor de 150 cerdos quemados, además de urinas y venados.
También revela que él ya no pudo encontrar ningún jaguar, un animal endémico de la zona; el veterinario cree que quizá los felinos hayan podido migrar pero advierte que se anda 100 kilómetros y no encuentra un solo lugar donde estos animales se hayan podido resguardar, pese a que el  parque abarca aproximadamente 1 millón trescientas mil hectáreas.
Reflexiona este amante de la fauna que, si a los animales domésticos cuesta salvarlos, cuesta aun más salvar a los silvestres porque ellos mismos temen que el causante de esa desgracia en su propia casa fue el ser humano, según sus palabras.
Por ello pide una veda con graves sanciones a esos que les gusta cazar por deporte.
“Fuera del tema político, tiene que haber una política seria, pongamos las manos a tratar de cuidar porque ya es lo último que nos queda”, suplica el médico veterinario que dice que lo demás ya fue invadido.

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