lunes, 23 de abril de 2018

Cinco mercados negros de El Alto trafican con fibra de vicuña



Comerciantes venden lanas de este animal en ferias de Puente Vela, San Luis, 16 de Julio, Alto Lima y plaza La Paz. La mercancía proviene de la caza furtiva.
Pàgina Siete / Wara Arteaga  / El Alto
“Una libra de fibra de vicuña cuesta 700 bolivianos. Para una manta,  la más delgada, necesitas por lo menos  un kilo y medio, el  kilo sale 1.700 bolivianos”, calcula  casi de memoria  una mujer que todos los jueves y domingos vende fibra de vicuña en un puesto improvisado en  la calle Fournier  de la Feria 16 de Julio de la ciudad de El Alto. Para evitar decomisos y para ocultarse de  los policías, la mujer esconde la mercancía  entre  cueros  y lanas de otros animales.
No es la única. En los rincones y detrás de los puestos  principales de esa calle,  decenas de  comerciantes ambulantes ofrecen fibra de vicuña. Unos esconden la lana en bolsas negras y otros en aguayos.
 “1.300 bolivianos es un kilo”, asegura un hombre de avanzada edad,  quien para disimular su negocio clandestino vende además  decenas de  revistas antiguas y algunos artefactos inservibles. Y es que  la calle Fournier  de la Feria 16 de Julio  es  uno de los cincos “mercados negros” de El Alto, donde trafican fibra de vicuñas.
Los otros cuatro mercados ilegales de vicuña  en la urbe alteña se encuentran en las ferias de Puente Vela y  San Luis, y en las denominadas ferias de “Lunes”, que se desarrolla en Alto Lima y la de “Martes”, que se realiza  cerca de la plaza La Paz, ubicada cerca de la Ballivián,  según un reporte de la Policía Forestal y de Medio Ambiente (Pofoma).
Según la Policía, los mercados ilegales de fibra de vicuña   florecen  también en  los municipios de Viacha y Patacamaya.
Cada año y en especial en fiestas folklóricas como el Gran Poder, la demanda de fibra de vicuña crece, su lana es cotizada  en especial para la confección de mantas,  según las autoridades.  Mientras la demanda aumenta, el precio de la fibra sube y también  el número de muertes de vicuñas.
En los mercados ilegales, un kilo de fibra de vicuña llega a costar desde  1.300 bolivianos hasta 1.400, según los comerciantes y compradores. ¿Y cuántas vicuñas se sacrifican para obtener un kilo de fibra? El director de la Policía Forestal y de Medio Ambiente (Pofoma), Wálter Andrade,  explica que  de acuerdo a un informe del área de conservación de áreas protegidas, se requiere sacrificar hasta cinco vicuñas para conseguir un kilo de su fibra. “Ese es el promedio, algunos trasquilan sólo el lomo, por lo que necesitan cazar más vicuñas”, detalla. 
Según el médico veterinario Josimar Aliaga, las fibras de  vicuñas y los guanacos son codiciadas por su fina lana.
 Aliaga detalla que  a los cazadores lo único que les importa es la lana y el cuero de la vicuña. “En el altiplano se  encontraron cuerpos despellejados, no les importa la carne ya que ésta ocuparía gran espacio y sería difícil el transporte”, indica.
 De acuerdo al director Departamental de Pofoma, la fibra de vicuña  del mercado ilegal viene en vellones enteros y sucios.
 Andrade recalca que la comercialización de este tipo de fibras es ilegal. “La  venta de lana de vicuña y guanaco es ilegal. Son animales vulnerables y aparte son silvestres”, dice.
 La vicuña y el guanaco son especies protegidas por la ley de Medio Ambiente. El artículo 111 dice “El que (...) comercialice el producto de la cacería, tenencia, acopio, transporte de especies animales y vegetales, o de sus derivados sin autorización o que estén declaradas en veda o reserva, poniendo en riesgo de extinción a las mismas, sufrirá la pena de privación de libertad de hasta dos años (...)”.
Fibra de “oro” de la  16 de Julio
“¿Es de vicuña?”, pregunta una mujer  al ver una manta con bordados de figuras de animales  en la calle  Fournier de  la Feria 16 de Julio de El Alto.  “No, es guanaquito  nomás. Pero si quieres te lo puedo tejer”, responde sonriente la dueña del puesto de venta. Otra mujer  se mete en la conversación  y dice en voz baja:  “Aquí nadie expone mantas de vicuña, es como llamar al ratero”.
Y es tal vez por esa razón  y para evitar robos que otros comerciantes prefieren vender cueros y fibras de llama y alpaca. “No tengo lana de vicuña, pero allá al frente tienen, ocultan la fibra en bolsas negras”, dice  otra de las comerciantes, mientras señala con disimulo a  los “traficantes de fibra de vicuña”.
En la  calle  Fournier, los comerciantes de cueros y fibras de llama y alpaca,   además de  vicuñas y guanacos, se  instalan en al menos cuatro cuadras.  Los clientes habituales llegan al lugar y de inmediato se acercan a los  comerciantes que se paran con  bolsas negras: todas guardan fibra de vicuña, ya que su comercialización es prohibida porque es un animal  silvestre en riesgo de extinción.  Mientras que un comprador novato tarda hasta 20  minutos en identificar los puestos de venta.
“Tengo mantilla de vicuña, lo estoy rematando a 2.000 bolivianos”,  dice una de las vendedoras.  Casi de inmediato, la mujer  abre su aguayo y deja al descubierto dos mantas de vicuña. En menos de un   minuto, más de seis personas rodean a la mujer, quien  muestra las prendas como si fueran  de oro. 
“Ya no las tejen como antes, ahora son  delgadas, se rompen fácil y si las  llevas a las tejedoras,  ellas te engañan por lo menos un ovillo”, explica la comerciante.
  En el sector también venden una diversidad de productos que se usan en las áreas rurales de  La Paz. Cueros, lanas para hilar, huesos tallados que se usa para tejer, sogas de cuero y ruecas.
Un ovillo de lana de vicuña cuesta  300 bolivianos, dice  en aymara una mujer a su compañera.  A unos pasos de las otras comerciantes, ambas    pasan el tiempo  hilando  una  fibra. Y en una bolsa negra, que sirve como tapete, ofrecen nueve nudos para vender. 
El mercado de Puente Vela
Como cada lunes, cientos de comerciantes acomodan sus puestos improvisados  en  Puente Vela, otras de las ferias más concurridas de El Alto y que se encuentra   cerca de la carretera  a Oruro.
En el lugar, una mujer vende  tonos diferentes de fibra. Según la mujer, la vicuña tiene un color especial, además el tono de pelaje cambia de acuerdo a las partes del cuerpo del animal.   “El precio es el mismo”, dice.
Luego, la comerciante saca de las bolsas y  muestra dos tonos diferentes de fibra, el más claro pertenece al cuello de la vicuña.
En Puente Vela la fibra de guanaco es otro de los productos más comercializados. 
Impunidad
En oficinas de Pofoma, ubicada  en cercanías de la avenida Pando, Andrade recuerda cómo  se desarrolló uno de los últimos operativos en El Alto. Según la autoridad, se logró  incautar 14 kilos de fibra de vicuña.
Para realizar este operativo, Pofoma inició un trabajo de investigación de dos meses.  “Un informante nos dijo que había una persona que  acopia y vende cuero de vicuña en grandes cantidades. Operaba en las ferias San Luis y  16 de julio. Entonces, nos aviso que haría  lo mismo en la feria de Ramos en la ciudad de El Alto”, cuenta.
Andrade explica que aunque el operativo fue exitoso, no se pudo detener a la acusada y menos seguir un juicio. ¿Por qué?  “Lamentablemente,  la  fiscal no quiso aceptar el caso, argumentó que correspondía al turno nocturno. Hablé con el fiscal departamental y dijo   que subiéramos   el caso al (Ministerio Público) de  El Alto,  donde  tampoco  quisieron   recibir (el caso) porque indicaron  que no tenían defensa pública” , recuerda. “Ya habían pasado ocho horas y no nos quedó otra opción  que poner en libertad (a la vendedora de fibra de vicuña)”, agrega con resignación.

El jueves 12 de abril,   el equipo de Pofoma realizó uno de sus  más recientes operativos en la Feria 16 de Julio de la urbe alteña.  Los efectivos policiales decomisaron alrededor de 26 kilos de fibra de vicuña, que equivale  a cerca de 130  animales sacrificados. 
Matan  35 vicuñas para una manta gruesa
“Por aquí no vas a encontrar una  manta de vicuña. Tal vez por El Alto. Es como oro, llama al ratero”, sentencia  Ximena Navia,  quien recuerda que su  mamá  bailaba con una prenda de este animal    en las entradas folklóricas de Desaguadero, Gran Poder y en alguna que otra fiesta patronal en provincias.
 Usar una manta de vicuña representa un verdadero lujo, pero que  tiene un precio muy caro para  la Madre Tierra. Según otra  comerciante, para confeccionar una manta grande  de “pura vicuña”  se requiere  hasta siete kilos de fibra, que equivale  a un número de  35 animales sacrificados. El costo de prenda, que tiene un buen grosor y se  puede doblar en cuatro, oscila desde   9.000 bolivianos hasta 14.000 bolivianos.
Y es que para conseguir un kilo de  fibra de vicuña, según el director de la Policía Forestal y de Medio Ambiente (Pofoma), Wálter Andrade, se requiere hasta cinco vicuñas.   
“Nosotros ponemos la lana”,  añade la comerciante e intenta convencer a una potencial cliente. La tienda de la  mujer se encuentra en la zona norte de La Paz, donde se venden  ropa, muebles, colchones, verduras, frutas, telas y un sinfín de productos.
“Antes las hilanderas se asentaban por la Garita de Lima, pero han desaparecido”, acota Navia.
A unas cinco cuadras del lugar, se encuentran unas pocas tiendas donde ofertan mantas tejidas. La mayoría son delgadas, con vistosos bordados y detalles brillantes. “Es de guanaco y conejo. El bordado es vicuña”, explica la vendedora del local. Una prenda de ese material y confección cuesta 10 mil bolivianos. “No tenemos vicuña purita”, explica poco después.
En El Alto,  las comerciantes venden las mantas de vicuña a 15.000 bolivianos. “Su  lana es finita, no es como la de alpaca, por eso al hilar sale bien delgadita y si no sabes manejar puede deshacerse fácil”, explica  la vendedora de una tienda, cuya especialidad  son las prendas de lana de vicuña, guanaco y conejo.
La vicuña tiene un color especial, además el tono de pelaje cambia de acuerdo a la parte del cuerpo del animal.  “El precio es el mismo”,  dice otra comerciante de Puente Vela, uno de los cincos mercados ilegales de  la fibra de este animal.  
Las calles adyacentes a la plaza San Francisco, que ofrecen productos para turistas,  muestran en la puerta de sus negocios un letrero en rojo que  resalta la palabra Alpaca, para informar al cliente que en ese sitio comercializan productos de ese animal.
“Tienes que preguntar, algunos hacen”, explica una comerciante, luego de ser consultada si en esa calle confeccionan o venden prendas  con lana de vicuña.
La mujer que atiende el negocio explica    que ella no teje, que sólo vende, pero, agrega,  que hay tiendas que tejen y  confeccionan estas prendas de vicuña. “Pero son  muy costosas”, asegura.
Esquila comunitaria,  opción que salva a miles de vicuñas
En Bolivia,  la vicuña habita La Paz y Oruro, ambos departamentos comprenden el  Área Natural de Manejo Integrado (ANMI) de  Apolobamba y del Parque Nacional Sajama, respectivamente. En estos lugares, las comunidades se organizan  para realizar el trasquilado una vez cada dos años y de esa manera preservan a la vida de  las  vicuñas. 
Jhonny Huanca, director del Área Natural de Manejo Integrado (ANMI)   de Apolobamba, recuerda que en la década de 1970, cuando el lugar se declaró reserva natural, sólo había unas 90 vicuñas, todo por culpa de la caza furtiva.
“Desde que Ulla Ulla se convirtió en Área Natural de Manejo Integrado, podemos hacer aprovechamiento,  obviamente respetando a  la Madre Tierra.  A partir de ese año, se  aumentó la población de la vicuña,  ahora tenemos 11.950 vicuñas”, dice orgulloso Huanca.
Con el AMNI se practica el aprovechamiento de la vicuña y se logra conseguir fibra para el mercado legal. Para exportar este material,  los productores siempre   evalúan la calidad del vellón. Según Huanca, estas fibras no llegan al mercado nacional.
Es que la fibra  de vicuña es la  más  fina del mundo y la más  cara en el mercado internacional, según una nota del portal www.bbc.com.
El  año 2000 se conformó  la Asociación  Regional  de manejadores de Vicuña. “Están  asociadas 18 comunidades de manejadores de vicuñas. Comprenden la parte alta de Pelechuco y el área baja de Charazani, ambos son lugares donde  se practica el aprovechamiento de la vicuña”, detalla.
La iniciativa también se replicó en países como Perú, Chile y Argentina.
Cada dos años,  los comunarios se reúnen para aislar y cercar a las vicuñas. Después de realizar el trasquilado,  las dejan libres.
Este es  un trabajo en conjunto, las comunidades reúnen alrededor de 100 personas para realizar la operación.
Según Huanca, el trabajo del  trasquilado,  no se puede  realizar en familias. “No se puede  hacer entre dos  o tres personas”, dice. 
Por la demanda de personal y equipos,   algunos pobladores  prefieren cazar a las vicuñas. Entonces, las   atrapan y matan, después botan al animal.  Las asociaciones de comunarios  expulsan a las personas que incurran en este delito.

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